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Socialismo: única alternativa para la humanidad

1998

Javier Córdova

Sometido por el Frente Socialista al Taller Internacional:

El socialismo hacia el siglo XXI

No hay duda que el socialismo atraviesa por una aguda crisis a nivel internacional. Es urgente, por consiguiente, que comencemos un análisis también internacional sobre esta situación. Ante el fin de la guerra fría, el gran capital imperialista ha proclamado la victoria del capitalismo sobre el comunismo. Desde fines de la década del 70, la ofensiva patronal se ha extendido por todo el planeta por medio de su estrategia neoliberal. En la llamada época de la aldea global, sin embargo, lejos de hacerse homogéneo el mundo, se agudiza la polarización de la riqueza y la ofensiva patronal se enfrenta a una realidad en la que se acentúa la proletarización, también de carácter global, en condiciones económicas que hacen cada vez más difícil la expansión de los empleos. A pesar de su predominio ideológico, el capital aparece cada día más incapaz de ofrecer un futuro a la humanidad en el que pueda acentuar ni tan siquiera la expansión del aspecto formal de la democracia. El neoliberalismo, con su oleada de privatizaciones, con su reducción del estado benefactor, con la desreglamentación, con la contra-reforma fiscal y la contra-reforma laboral, erosiona las conquistas históricas de los trabajadores y del pueblo en general, socava su participación social y los obliga a formas de resistencia en un contexto político en el que no se vislumbran salidas también globales al dominio del capital. Por consiguiente, una de las tareas principales que confrontamos hoy consiste en reformular, en las actuales condiciones objetivas, la perspectiva internacionalista que ha tenido históricamente la clase trabajadora. No debemos olvidar que la estrategia neoliberal ha tenido como objetivo sacar al capitalismo de la crisis de crecimiento desacelerado que se abrió paso al comenzar la década del70, Hasta ahora el resultado no ha sido satisfactorio: el capital no ha podido establecer un ritmo de crecimiento acelerado y prevalecen tasas de crecimiento y de inversión que están muy por debajo de las existentes durante las décadas previas al comienzo de la crisis.

Ante esta situación, nadie puede negar que el capitalismo atraviesa también una profunda crisis económica a nivel global. ¿Quién puede dudar que el capitalismo no ha logrado satisfacer además las necesidades más elementales del ser humano a todo lo largo y ancho del planeta? Por el contrario, cada día se evidencia que la marginación y la exclusión social no sólo afecta a millones de seres humanos en los países desarrollados, sino que incluye extensas regiones del planeta, e incluso continentes enteros. ¿Quién puede dudar que el capitalismo ha creado una sociedad mundial marcada por profundas diferencias y desigualdades internacionales, donde existen polos de gran riqueza social combinados con polos de extrema pobreza, y que incluso al interior de los países más ricos del mundo existen grandes diferencias sociales, donde un número cada vez mayor de seres humanos son marginados y condenados a la pobreza extrema? ¿Quién puede dudar que el sistema capitalista, basado en la producción colectiva pero en la apropiación privada de lo producido, aumenta cada vez más las desigualdades sociales y ha demostrado ser incapaz de crear una sociedad racional, justa y equitativa? ¿Quién puede dudar que el sistema capitalista ha demostrado ser incapaz de atender los problemas de alimentación, vivienda y salud de todos los seres humanos del planeta? En fin, ¿quién se atrevería a afirmar que el capitalismo es el sistema social que resuelve los problemas de la humanidad y que subsistirá a las futuras generaciones? Porque sabemos que no lo es, es que creemos que tenemos necesidad de reevaluar la agenda del socialismo.

El materialismo histórico establece que es el capitalismo la sociedad que crea las condiciones materiales que hacen posible y necesaria una sociedad socialista. El capitalismo crea una sociedad basada en la producción colectiva, concentra en pocas manos los medios de producción, centraliza el poder político, desarrolla fuerzas productivas que chocan cada vez más con las relaciones burguesas de producción, crea un sistema económico mundial, y a su vez crea la fuerza social que puede arrebatarle el poder político y económico para crear la sociedad comunista: la clase obrera. No tenemos ninguna duda que el análisis materialista que hicieron estos grandes pensadores del socialismo científico sigue siendo correcto hoy día después de 150 años. Las tendencias principales destacadas por ellos se han fortalecido con el desarrollo del capitalismo y del imperialismo y se han seguido manifestando a niveles cada vez mayores en la sociedad moderna.

No faltan los teóricos "post-modernistas" que señalan una y otra vez la muerte del marxismo. Miles y miles de libros lo proclaman abiertamente. Sin embargo, estos señalamientos demuestran precisamente lo contrario. Nunca veremos a miles de doctores médicos acercarse al cementerio para afirmar a viva voz la muerte de alguien. El marxismo está vivo en cuanto es una herramienta necesaria para el análisis materialista de la realidad en que vivimos. Pero tampoco podemos caer en el otro extremo y plantear, como plantean algunos dogmáticos que alegan ser marxistas, que el análisis ya está hecho, que las respuestas del marxismo-leninismo ya está producido, y no proveen nuevos análisis para las nuevas realidades.

A comienzos de siglo se dieron debates en el seno del marxismo sobre asuntos de gran importancia para comprender el tipo de sociedad capitalista que se desarrollaba y la tarea principal de los revolucionarios socialistas. Los trabajos de Lenin, Rosa Luxemburgo y otros pensadores marxistas sobre el análisis del imperialismo, sobre el carácter del partido y la teoría de la organización, sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación, sobre la polémica de reforma o revolución, el papel del estado en la sociedad socialista, etc., son sólo algunos de estos grandes debates que contribuyeron a desarrollar una política certera de los socialistas. El debate actual en el seno del marxismo tiene que estar abierto para contribuir al análisis de nuestra realidad de hoy.

Si, como señalaran los principales portavoces del marxismo, el capitalismo es la sociedad que crea las condiciones para una sociedad comunista, sería lógico pensar que es en los países capitalistas más desarrollados donde primero se debían desarrollar los procesos revolucionarios, las revoluciones socialistas. Sin embargo, la realidad siempre resulta más compleja que el análisis a simple vista. Ya desde el siglo 19, Marx y Engels comienzan a ver la posibilidad de que se desarrollen procesos revolucionarios en países no capitalistas que puedan implicar que estos países puedan pasar a una "forma superior de la propiedad colectiva, a la forma comunista", sin pasar primero por el desarrollo histórico de Occidente. El mismo Lenin, que dirigió la primera revolución socialista del planeta, evidentemente se tuvo que plantear el problema de la revolución socialista en un país subdesarrollado. Sin embargo, tanto para Marx y Engels como para Lenin, la respuesta a la pregunta de si es posible construir una sociedad socialista en estas condiciones yacía en la capacidad que pudiera tener este proceso revolucionario de marcar la señal para una revolución proletaria en Occidente.

Ya desde el siglo 19, Marx y Engels tenían muy claro que la sociedad socialista no sería posible desarrollarla plenamente en un sólo país. Por esa razón fundaron, junto a organizaciones obreras de la mayoría de los países europeos, la Asociación Internacional de Trabajadores en el 1864. El internacionalismo proletario ha sido uno de los pilares básicos del movimiento comunista.

Sin embargo, la realidad siempre resulta un tanto más compleja. Se da la primera revolución socialista del mundo en Rusia con la siguiente combinación: no triunfa la revolución socialista en los países desarrollados, pero la guerra capitalista contra el primer estado obrero no lo logra aplastar tampoco. Subsiste un estado obrero aislado en un país relativamente subdesarrollado. Las consecuencias de este proceso alteraron significativamente la historia. La dirección de la revolución rusa a partir de los años 20, supedita la revolución socialista en otros países a la construcción del socialismo en Rusia, y declara la construcción del socialismo en un sólo país.

El Che Guevara, padre e hijo de la revolución cubana, y de quien conmemoramos estos días el 30 aniversario de su caída en combate, también comprendió muy claramente el carácter internacionalista de la lucha por el socialismo. Su teoría y práctica revolucionaria son claro ejemplo de ello. Los dirigentes de la revolución cubana, y el pueblo cubano, también han tenido que enfrentarse a la dura realidad, sobre todo a partir de la caída de los gobiernos de Europa del Este, de tener que construir una sociedad socialista desde el subdesarrollo, bajo un nivel de aislamiento extraordinario, y ante el acoso brutal del país imperialista más poderoso del mundo. ¿Quién mejor que el pueblo cubano para comprender profundamente el carácter internacional de la lucha por el socialismo? Y tenemos que destacar que la revolución cubana ha dado a lo largo de su historia los mejores ejemplos de lo que es internacionalismo proletario. Muchos sacrificios le ha costado al pueblo cubano el apoyo sin condiciones brindado a las luchas revolucionarias alrededor del mundo: desde América Latina hasta Africa, y cómo no mencionarlo, el apoyo sin condiciones a la independencia de Puerto Rico.

No pretendemos hacer un análisis de todo el desarrollo del "socialismo realmente existente". Sólo queremos hacer unos señalamientos sobre los resultados a 80 años de la primera revolución socialista en el planeta. No podemos esconder el cielo con la mano. El socialismo revolucionario no cuenta con el apoyo de sectores mayoritarios de muchos de nuestros pueblos. Está identificado con una sociedad no democrática, en la cual se limitan las libertades del pueblo; el modelo del "socialismo realmente existente" (ahora inexistente), que no fue sino producto en gran medida, dejando de lado errores graves que cometieron los dirigentes de ese proceso, de la necesidad de comenzar la construcción del socialismo allí donde las condiciones materiales no eran las más adecuadas para ello.

Aún así, el desarrollo de la sociedad post-capitalista en la Unión Soviética tuvo unos logros económicos extraordinarios. La sociedad soviética pasó en apenas unos 30 años a ser de un país económicamente atrasado, la segunda potencia industrial del mundo. El costo social de este desarrollo, sin embargo, fue también extraordinario. La planificación social fue determinada desde arriba, burocráticamente, sin participación de la clase trabajadora. El centralismo burocrático que desarrolló inicialmente las fuerzas productivas de manera vertiginosa, con un gran costo político y humano, entró en contradicción posteriormente con el desarrollo económico de la sociedad.

Que no se nos malentienda. No estamos planteando que fue una aventura izquierdista o incorrecta el proceso de construcción del socialismo en los países subdesarrollados. Estamos planteando que este proceso se desarrolló con enormes dificultades, se cometieron errores importantes, y que sería injusto concluir que el resultado en estos países demuestra que el socialismo fracasó. Sostenemos que el desarrollo del imperialismo con su economía mundial y su proceso de exportación masiva de capitales impiden que los países atrasados y dependientes económicamente reproduzcan la historia de los países más avanzados, y desarrollen una etapa de capitalismo independiente. La única forma de lograr el desarrollo económico amplio y orgánico de estos países es a través de su ruptura con el imperialismo, lo que implica la ruptura con el capitalismo y el paso a una economía de transición al socialismo. En este sentido destacamos, por una lado, la compleja tarea de los revolucionarios en los países dependientes, y por otro lado, la importancia enorme de la solidaridad internacional. La solidaridad con la revolución cubana y la condena del bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos es tarea fundamental de los socialistas del mundo, sobre todo los de América. Pero la mejor muestra de solidaridad con el pueblo cubano consiste en el desarrollo de la lucha por el socialismo en cada uno de nuestros países. Y planteamos que en estos países las opciones no se limitan a una economía regulada por el mercado, por un lado, o al centralismo burocrático, por otro lado. La alternativa del centralismo democrático, con amplia participación de los asalariados en la producción y el consumo, y bajo una dictadura del proletariado que implique democracia amplia para los trabajadores, tiene que ser la opción impulsada por los socialistas para ganar el apoyo de las mayorías del pueblo. Tenemos que hacer cierta la vieja consigna marxista: la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos.

Entendemos que el socialismo tiene que verse como un sistema que implicará una superación de la democracia burguesa. En los países capitalistas desarrollados, y en muchos países dependientes, la clase obrera vive, producto precisamente de luchas que han costado mucha sangre y sacrificios, una democracia que no podemos subestimar. Sabemos que es sumamente limitada, que es muy frágil y se contrae en la medida en que se pone en jaque al sistema. Pero no podemos subestimar la importancia de ella, de la libertad de expresión, de la posibilidad de participar en elecciones, de la posibilidad de crear partidos de oposición, etc. Nosotros, como socialistas, tenemos que defender esas libertades, y más allá de eso, tenemos que plantear que luchamos por un nivel mucho mayor de democracia: por una democracia participativa, por una democracia que esté presente en los centros de trabajo, en las comunidades y en todos los rincones de nuestra sociedad.

Tenemos que plantearnos la necesidad de construir una sociedad socialista basada en la planificación consciente de la producción y el consumo dentro de un marco democrático superior a la sociedad capitalista. La sociedad capitalista beneficia a una pequeña minoría, y la democracia burguesa responde a los intereses de esta minoría. La sociedad socialista es para el beneficio de las grandes mayorías, y la democracia obrera debe responder a los intereses de esta mayoría.

Por otro lado, es necesario mencionar la cuota de participación que han tenido los socialdemócratas en el hecho de que los trabajadores no vean en este momento al socialismo como la alternativa. Si el socialismo es lo que impulsan los "partidos socialistas" europeos, por ejemplo, que han llegado al poder y han compartido el mismo a lo largo de muchos años, y han sido responsables de desarrollar políticas de "austeridad" contra los intereses de los trabajadores, es de entender que ese modelo de socialismo reformista burgués sea rechazado por trabajadores alrededor del mundo.

Como decíamos, el capitalismo se encuentra en una profunda crisis. La política neoliberal de privatización de servicios esenciales al pueblo, de reducción del aparato gubernamental y de reducción del estado como "estado benefactor", tendrá consecuencias muy graves y explosivas en los próximos años. El capitalismo tuvo su gran onda larga de expansión desde 1940-1970, precisamente cuando el estado comenzó a intervenir en el proceso económico de una forma mucho más directa como mecanismo de reducir las enormes tensiones sociales que crea la propia dinámica interna del capital. Desde entonces se encuentra en una etapa larga de estancamiento económico. La política actual del gran capital no hará sino acentuar las contradicciones sociales. Podemos esperar grandes luchas en los próximos años.

La política neoliberal comenzó a aplicarse en Puerto Rico con alguna fuerza de 1989-1992, bajo la administración del Partido Popular Democrático (PPD- defensor del Estado Libre Asociado). Durante estos años comenzó un proceso de privatización de servicios y un ataque frontal a la empresa pública. Pero ha sido a partir del 1993, bajo la administración del Partido Nuevo Progresista (PNP- anexionista), que la política de privatización ha tenido un avance arrollador. El gobierno ha iniciado una amplia campaña de privatización de servicios públicos esenciales que abarca áreas como electricidad, agua, telecomunicaciones, educación, salud, recogido de desperdicios sólidos, seguridad, etc. La privatización en el área de la producción de energía eléctrica, por ejemplo, plantea de manera tajante el problema ambiental. Se ha desarrollado un fuerte movimiento contra la construcción de plantas de carbón que serían operadas por la empresa privada. A este movimiento se han incorporado no sólo la unión de la corporación pública de energía eléctrica, la UTIER (una de las uniones más militantes del país), sino también ambientalistas y sectores del pueblo en general. La privatización de los hospitales públicos también ha generado protestas que van mucho más allá de los sindicatos. Pero sin duda el motor de la lucha del pueblo contra la privatización lo ha sido la amplia oposición a la venta de la Compañía Telefónica.

Desde que el gobierno anunció la venta de esta compañía, que ha sido una de las corporaciones públicas más eficientes del país, se ha desatado un poderoso movimiento en contra de la política de privatización del gobierno. Se ha constituido un Comité Amplio de organizaciones sindicales, cívicas, religiosas, culturales y políticas que dirige la campaña. Este Comité Amplio organizó el primero de octubre un paro nacional contra la privatización de los servicios esenciales y contra la venta de la Telefónica. Bajo la consigna "Puerto Rico no se vende", sobre 100 mil personas participaron en una marcha ese día. Se han constituido Consejos Regionales que organizan la lucha a nivel nacional. Sin duda que la lucha contra la política neoliberal ha ido mucho más allá que el centro fabril. Abarca a todos los rincones de la sociedad. Y en nuestro caso, combina de manera interesante la lucha obrera con la cuestión nacional. Los socialistas confiamos que saldremos fortalecidos de este proceso. Pero de nuevo, tenemos que presentarnos ante el pueblo en general, y ante la clase obrera en particular, como movimientos democráticos con un proyecto alternativo real y progresista.

Es urgente que como socialistas podamos vincularnos a todos los sectores oprimidos por la sociedad: las mujeres, los jóvenes y los inmigrantes. Tenemos que saber defender los derechos de todos los seres humanos. Tenemos que defender los derechos de las mujeres a controlar su propio cuerpo, los derechos de los inmigrantes a vivir una vida digna sin importar las fronteras, los derechos de cada cual a su preferencia sexual, los derechos de las mujeres a participar en igualdad de condiciones en la vida pública del país, los derechos de los negros, de los mestizos, de los indígenas; en fin, tenemos que defender los derechos de todos y cada uno de los sectores marginados en nuestras sociedades.

Un grave problema se cierne sobre la humanidad, producto del desarrollo desenfrenado del capitalismo: la destrucción ambiental. La destrucción de los recursos naturales pone en peligro la vida misma de la humanidad. El capitalismo salvaje ha sido su promotor principal. La anarquía de la producción capitalista, la búsqueda desenfrenada de la ganancia privada a corto plazo --que sirve de motor a este sistema económico-- implica una constante y creciente agresión a la naturaleza de la cual somos parte. El aire, la tierra, el agua, el mar, los ríos, los bosques --todo el delicado entorno natural se ve sometido a violentos ataques que amenazan con dañar irreparablemente el pedazo del planeta en que nos ha tocado vivir. El objetivo de las empresas es producir ganancias. No es interés de las empresas invertir en la protección del ambiente. Cada vez es mayor el número de seres humanos preocupados seriamente por la ecología del planeta y del entorno particular en que viven. Es preciso que logremos demostrar un hecho trascendental: que el capitalismo y la protección del ambiente son incompatibles, que la única forma de salvar a la humanidad de los problemas ecológicos terribles que confrontamos es construyendo una sociedad en la cual la ganancia privada no sea el motor de la economía, una sociedad colectiva para beneficio del pueblo y no de productores privados. Hoy más que nunca es cierta la vieja consigna: ¡Socialismo o barbarie!


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